Se dice que la curiosidad tan estrepitosa es, que por ahí mató a un gato. O quizá a unos cuantos, pero, ¿Por qué culpar a las mentes habilidosas de sus curiosas y peculiares incógnitas?
Fernando, en una de las facetas más particulares e hilarantemente correctas, cuestionó:
¿Qué opina usted del VAR? (Video Assistant Referee).
Aunque me tomó por sorpresa semejante abordaje, tan inusual, tan de Fernando; exploré en el pasado para intentar dar una respuesta a tan precisa cuestión.
Recordé entonces que, en un inicio vi una posibilidad, una oportunidad en la impetuosa búsqueda por la verdad, por lo que realmente es equitativo para el esfuerzo, para la disciplina, la justicia…
Al cabo de un tiempo, aún contra mi valerosa voluntad, entendí que lo justo es más abstracto que la pasión, y que entonces, lo que en antaño fue una chispa de alegría, ahora sigue siendo la arbitrariedad de su propia naturaleza; un acto más unísono al capricho, que a la certeza.
Y entonces, ante la duda o frente lo inminente, el rumbo del pasado y el producto del presente, sería distinto. La icónica mano de Dios no sería leyenda. Los vencedores tal vez lo serían en diferentes contextos o los desenlaces serían en sí finales más predecibles.
¿Qué opino del VAR, Fernando? que el futbol no lo concebía, así como el mundo no predijo la tecnología, pero siempre se está en la búsqueda de la comodidad y la verdad; entonces, si éste cumple el fin esperado, se aplaudirá la proeza, si su invención, así como todo lo que se crea para bien, fracasa en su propósito, que la condena de lo reversible lo demande.
Pausa,
incertidumbre,
un clamo por la
legitimidad
que no sé si exista
no sé si se ejerza
pero
eso no afecta
lo bello del futbol.
Fernando me preguntó, y no estoy segura de haberle contestado.
