Me abandonaste antes de la volcánica profusión de la vida, cuando más se amaba, cuando más se construía.
Te fuiste en medio de la burla del cuerpo, dejando asombro y ocultación.
Partiste cuando éramos uno para sí y de sí para cada cual. Cuando se construía algo que aún sigue siendo una enigmática cuestión.
Echaste a la deriva todo mi amor y mis ganas. Las cosas se quebraban mientras intentaba sostenernos.
Y así, dos inviernos pasaron. Alentando a un espíritu que bailaba con el viento, sin fuerzas, endeble, aún tuyo, vi pasar el vaivén de todas tus decisiones.
Enamoraste a la lluvia, aún habiendo fuego en ti. Te adueñaste de sus ojos glaucos, sabiendo todo lo que había en mí. Te fuiste con la tormenta pero no soltaste mi abrigo.
Y el viento, nuevamente me acunó entre sus ráfagas.
Me rompiste en fragmentos que ya no reconozco. Mi cuerpo cambió y también mutaron mis ganas. Y ahora en cada cambio de estación, siento cómo se estremece y se transforma mi devoción por ti.
Soltaste la verdad que te acompañaba, ahora ya no sé nada de ti. Cambiaste nuestra complicidad por otros atardeceres…
Y yo me pregunto, por qué sigo aquí.
