A veces me pregunto por qué el viento lleva ese nombre…
Después de sentirle, comienzo a pensarle, a cuestionarle; y la contradicción se hace presente cuando, recuerdo cómo en los días fríos me golpeó con su violento vaivén, mientras que en los días cálidos, me ha acariciado con calma y cariño, como en aquellos abriles de mi mocedad.
Pero si el viento golpea y abraza, me pregunto por qué en esta analógica manera de idealizar la noche, he bautizado su figura como «don viento».
Aquella estrepitosa idea de que la revolución de la pasión se subsume en sus cabellos negros, o en la amorfa sonrisa que reposa ya, solo en el imaginario. Se esfumó, como se disipa el viento… sin sentirlo.
Don viento, que vas y vienes,
Don viento, que ya no eres,
Don viento, que ya no estás,
Viento, viento mío,
gracias por la paz.

Fotografía: Can kılıç (2023)
