Querida Sofi, por la mañana recibí tu mensaje.
Al leerte se me escapó una tibia sonrisa, es la primera vez que recibo tu cálido afecto en esta fecha, así que decidí escribirte estas líneas para que el tiempo y la distancia impregnen en esta misiva, un mensaje que deseo te acompañe en este y en todos los instantes que necesites de mi abrazo.
El encuentro, Sofi, es el gran enigma del «para qué», el inesperado arribo de un alma, de una historia, de un momento. Una no tiene la certeza del propio trayecto, mucho menos del paso de una persona en nuestras vidas. A lo Machado, en realidad no hay camino, una lo va construyendo al andar… y en lo que para muchos sería la vereda del destino, para otros es el coincidir de una decisión; y es ahí, en ese acierto o desatino, donde nos encontramos querida Sofi. En esa marea del anhelo, en la encrucijada de la preparación y el sueño; en un agosto que trajo consigo cambios e inesperados episodios.
No sé si fue el trazo del destino o quizá la decisión de una historia que no dimensionamos, probablemente fue la idea de la amistad que apenas construímos o el cariño que estamos descifrando, pero, justo ahí donde converge el encuentro de una risa, una charla, un alivio… nos encontramos Sofi, o quizá Río nos encontró, incompletas, con dudas, ansiosas, deseosas de comprender la enigmática cuestión de lo que la chica de la mancha llama «el alegórico oficio de vivir».
¿Cuál es el propósito del encuentro? ¿un abrazo en Viña del Mar? ¿pastel de choclo con la familia? ¿una plática hermosa en un Valparaíso rodeado de letras, prisiones y juncos? ¿es acaso la decisión de viajar al sur? ¿serán los ojos preciosos de la abuela que reposan en fortaleza y amor? ¿o las lágrimas que desembocan en lo que alguna vez fue una prisión chilena?
No sé realmente cuál sea el propósito de nuestro encuentro, pero algo muy dentro nuestro nos llamaba y ahora nos cobija. Alguien susurrando desde el cielo que el mundo te abrigue y te cuide quizá fue lo que acudió a nuestras puertas, recuerda que el amor infinito de una madre jamás abandona, sólo se transforma en las inconmensurables cuestiones del mundo.
Querida Sofi, el encuentro de dos almas que están llamadas al abrazo es quizá lo que no debo cuestionarme más. Solo sentirlo y alegrarme por ello. Así como lo sentí hoy al recibir tu mensaje por la mañana. Esa inexplicable alegría y paz de saber que me piensas y recuerdas.
Al recibir tu mensaje corrí a oler una bufanda celeste con crema que viajó desde el sur hasta mi hogar. Volví a llorar, amiga, como aquél día de noviembre que volví a verte, y me sumergí en horas de agradecimiento e indecisión. ¿cómo devolver al mundo mi alegría sino es a través de estas letras que viajan y ahora te encuentran? Pienso en las ganas que tengo de que estés bien y que todo tu mundo te haga más fuerte de lo que ya eres. Cerré mis ojos y te encontré en aquél piso en Viña, en la vista al mar, en aquella chimenea que armaste con apuro y valentía. En las horas de cansancio y agradecimiento, en aquel trayecto a Quillota que nos encontró llenas y serenas.
Mantuve mis ojos cerrados mientras nos veía ahí, caminando por un centro cultural, en aquellas horas en que fuimos tanto teniendo tan poco tiempo. De pronto nos detuvimos y nos abrazamos. Invocamos con fuerza en nuestra mocedad un momento que nos encontró inesperadamente. Después sonreímos con la complicidad de dos amigas que desde ya se cuidarían el resto del camino.
Querida Sofi, también te pienso y te quiero, al creador agradezco el regalo de tu vida en la mía, le pido con todas mis fuerzas que siempre te cuide y te llene de ti.
Preciosa Sofía, no estoy segura de que el infinito quepa en un junco, pero estoy convencida de que se pronuncia en esta amistad sincera.
Feliz navidad, amiga.
Espero encontrarte pronto…

Gracias por mostrarme Viña del Mar. En aquel atardecer me fundo, como en este pensamiento que te abraza.
