Eterno sí

Mientras se desmoronaba el día, la casa, la vida

me encontré con el fragmento de aquel cuento de la memoria

y en el ruido de la existencia comenzó a sonar

el silencio de la voz que me desenvolvería.

Aquel acento cansado que me leía, me mandaba un respiro que se hacía prosa en la distancia

un suspiro hecho deseo

un adiós a las deriva que suena como un sí

una ruina incauta, que se volvía a construir.

En un quinto intento que me gritaba despacio, Felisberto me besaba y no me soltaba

quise huir al sur infinito

al invierno de los que enseñan

al monte de los que bailan

a las olas heladas

a aquellas ramblas que me encontraron una noche desconsolada.

Y el ruido se hizo nada, y yo me hice agua

y mientras me leía, se me erizaba el cansancio

las ganas se me construían a pedazos de deseo

las palabras se estremecían en huecos de mí.

Ya no importaba el cuento, ni la sugerencia

sólo deseaba que aquel ruido no tuviera fin

sólo quería que el imaginario que me idealizaba

fuera por siempre un eterno sí.

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