Apología a la incertidumbre

Los siguientes días serán terribles, piensa el inconsciente como si pudiera definir los presentes venideros.

Reposa mi tranquilidad idealizando que serán días de letras, pensamientos y liberación. Sin embargo, lo terrible de las horas por venir es la tremenda incertidumbre que se avecina, aunque pareciera que la estoy abrazando desde ya.

En instantes de relativa tranquilidad, me cuestiono en qué momento me convenció la ansiedad, de traerla a mi vida, de no quererla soltar. Día a día nuestro vínculo es más endeble, pero su existencia sigue nublando la mía.

Quisiera decirle a ella y a todas mis inseguridades, que mientras exista incertidumbre, habrá asombro, y no hay cosa que no desee conservar tanto, que la capacidad de seguirme sorprendiendo al andar. Por tanto sigo aquí, despidiendo y acogiendo todas estas emociones que en ratos me cuesta nombrar.

Se despide el día y su claridad, me arropa el ocaso y la oscuridad que le prosigue, y así comienzo a temblar, en las inmensas formas del mañana.

¿Qué deparará la noche que descansaba en la urgencia? ¿Qué traerán los días que rugían en los vociferantes apuros y pendientes? ¿comenzará la calma? ¿o será la propia calma la que consuma todas mis preguntas?

Sin certeza, pero también sin pausa. Despacio, porque hay mucha prisa, abrazo la inquietud y los misterios del ahora, esperando que mañana, siga la incertidumbre y su afán.

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