Mañana hablamos

Escóndete niña, de los candelabros que asustan y del arlequín que ríe. De las esdrújulas sin acento, de los vientos que lloran.

Corre, pequeña criatura, de las palabras que explotan, de la empatía que no existe. De las razones que agobian. De todo eso que estruja pero a él no le importa.

En los desfiles de azúcar, marchan los vocablos que asombran, las alegrías que dislocan los versos que ya le leíste.

Y entre palabra y palabra, entre el juego y la dolencia, pasarán todas tus restas, y las sumas sin estas.

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