Lo que no exigimos

Alzar la voz es un acto de valentía urgente.

Encarar esta realidad convulsa

requiere del desprendimiento de nuestra individualidad,

de nuestra comodidad,

del odio que separa nuestras ideologías

de la intolerancia que divide nuestras vidas.

Y hemos demostrado, una y otra vez,

que no estamos dispuestas a cobijarnos en esa bravía

que le huimos al desafiante desprendimiento de nuestra seguridad,

que luchar contra lo que le duele a la otra, no es prioridad.

que refutamos lo colectivo cuando se condiciona nuestra paz.

Y mientras sigamos atadas a un capricho que consume lo intangible,

mientras no reconozcamos que lo único que nos hace diferentes son nuestros sueños

tendremos todo esto que no queremos, todo lo que no exigimos.

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