Los cambios nos recuerdan lo que una vez fuimos y lo mucho que hemos transformado nuestra existencia.
Y aunque pareciera que lo que una vez nos unió se desvanece con las fuerzas del tiempo, el amor que nos tenemos, queda intacto en los recuerdos de aquellos días que nos vieron crecer.
Se siente como si el caminar de las horas nos arrebatara lo que en la niñez nos significó un mundo.
Como si los años despidieran las risas, los gritos, los juegos y tropiezos de aquellas tardes en las que lo tuvimos todo; sin darnos cuenta que lo único que traen los comienzos, son nuevas historias, desconocidas y novedosas sensaciones, así como otras personas por abrazar.
Volteo al pasado y veo con una sonrisa todo lo que me diste, vuelvo al presente y me invade la felicidad de ver dónde estás.
Es así que comprendo que somos las historias que llevamos detrás, pero también todas aquellas que están por comenzar.
Lo que una vez fue una ocurrencia, una forma de nombrar, ahora se ha expandido con la luna, para crear un nuevo hogar.
Su palpitar ha crecido, formando un nuevo corazón, y solo vengo a escribirte, lo feliz que por eso soy.
Y ahora que tus pasos persiguieron un rumbo distinto, deseo fervientemente que nunca logres olvidar, que por más que la distancia crezca, siempre serás el niño que eternamente voy a amar.
Mi hermanito, mi Rube…
Mi eclipse solar.

