Tiembla el cuerpo y no hay disimulo que pueda evitar mi temor,
la vida me alcanza, me sobra y me descalza,
pareciera que el oleaje de esta tormenta me recuerda lo frágil que soy,
y aquí estoy, con el temple dispuesto y el corazón tranquilo,
confiando que esto que ahora es, mañana se desvanecerá.
Dejaré mis zapatos a la orilla de este mar
seguro de que una vez que cese la tormenta
volveré a nadar en las aguas abiertas que alimentan mi valor.
De los días viejos me burlaré
divagaré en los apuros que ya no existen
divisaré a la distancia lo que ahora me estremece y
recordaré siempre que mi templanza es mi mayor virtud.
La fuerza de estos días me recordará que la calma también es noble,
y que mi cuerpo es más humano que mi dolor.
Comprenderé que de los días grises…
uno también puede tomar color.
Querido Paco, todo estará mejor…

Estas bien?
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