Depositada en el cansancio, vi postrada mi energía,
en los momentos de inquietud y sobrecarga, quise huir de mi expresión más bella.
Supliqué una señal que sentía perdida, y entonces escuché la voz de aquel lenguaje que ya conocía…
Con optimismo y serenidad intranquila, conocí a la maraña de la Grana, la maraña más parlera, una maraña en el camino.
Su nombre no lo sabía, pero lo intuí cuando disparó aquellas palabras, refirió las cosas perdidas, las que arranca la esclavitud.
Y entre libertad y entusiasmo, articuló un plan para rescatar lo perdido, y entre asombro y arrebato, nuevamente confié en la humanidad.
La maraña sigue andando, pero ahora camina con una semejante, me recordó que no es para tanto, sufrir de felicidad.
