¿Dónde está Myrna?

Escuché de nuevo aquella voz que permanecía callada,

aquel sorpresivo susurro que imaginé dormido,

ese tenue sibilante al que honestamente rehúyo

la voz que pensaba, reposaba tranquila en el sueño de la tregua

Me habló de nuevo de la suficiencia y entonces comprendí por que la evitaba,

yacían años en los que la competencia y yo no nos dirigimos ni el suspiro,

traté de ignorarla, pero, ¿cómo evitar las cosas que nos definen?

nuevamente caí en los retablos del por qué, y a ellos, se le sumo el amor que padecía

Hay un mundo allá afuera al que no pertenezco, vociferé con ganas alarmantes,

el cosmos material no me hace sentir cómoda,

pertenezco al mundo de mis ideas.

Y aunque el amor allá afuera clame comprensión,

no hay mas sinceridad que estar conmigo en lo que hago,

la comodidad no tiene reparo, ni en las cosas que escribo, ni en la forma en la que hablo.

Y entonces ¿dónde encontraré abrigo?

dime, culpa, ¿quién estará conmigo?

Quien sin poseer te brinde alivio,

en el rincón más lejano a la vanalidad,

quien abrace tu abundancia y tu vacío,

quien te acompañe siempre sin reclamar…

¿dónde quedo yo cuando siento frío?

¿dónde deposito las palabras que lastiman?

¿a dónde va el desprecio consentido?

¿a dónde la persona que quiero ser?

Y en un alarido muy sentido,

regresé al momento en el que todo comenzó

en el dilema y en el ideal querido,

a preguntarme, dónde quedo yo.

Deja un comentario