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No cambiaría lo que hoy será nuestro pasado.Si aún me queda un poquito de fe y a ti tantitas ganas, te prometo que lo que hoy es, mañana no será cuestionado. Un portentoso 2017, Bethesda, Maryland

Insolutas

Veo muchas letras - Las leo con impaciencia - Imperfectas todas ellas - Ignoro sus proezas

Ruposa

Me gusta lo cierto, por eso viajo al pasado, a las letras que no tienen eco, al tiempo que no tiene cambio. Se viaja ligero, con resignación y consuelo, sin engaño ni recelo, solo para decir adiós; a la niñez sin estragos, a los abrazos en tormenta, a las risas y a los juegos, que …

Dos años de versos libres

Mientras perdure el tiempo, la disposición y un tanto de locura, seguiré escribiéndole a la dicha y a la desgracia. En tanto la inspiración no me abandone, abonaré a mis letras una nueva composición.¡Gracias a todas y a todos por sus lecturas!

Rótulo

No concebía la idea de abatirse, así que se perdió, en ella, en la sublevación de sus deseos y en el curso natural de su caminar. De la angustia, luces intermitentes. De la incertidumbre, voces porosas implorando auxilio. Golpes tachuelas convertidos en armas de valor y las más prolongadas jornadas de paciencia reducidas en afección. …

Dejarnos escapar

¿Recuerdas la primera vez que te dije "te amo"? Desde ese umbral de felicidad a la fecha, toda clase de tropelías bruscas e insípidas, han trasnochado aquellas palabras que surgieron tan espontáneas como necesarias, desde el mismo ímpetu que hoy te clama. Te soñé riendo a carcajadas, me soñé convirtiendo mis errores en aciertos, y …

Su último coloquio

"Inscribirte, no morirte, recibirte", solía repetir con una indescriptible forma de percibir lo agobiante. Solo él tenía el don de convertir la adrenalina pueril, en el más cotidiano e intrascendente suceso. Mis primeras impresiones fueron erróneas, pensaba que de verdad no le importaba el angustiante porvenir, después comprendí que era todo lo contrario, él era …

Epílogo

Cuando no se desea compartir el camino, se encontrará en cada uno de los detalles, una manera para claudicar.

Arcila

En el Café de las Historias, el que no conozco, el que ya no existe, tocando su armónica y una guitarra de caoba, imaginé al carmelitano, aquel de ojos tristes, interpretando para otros, acordes indescriptibles. Mientras él tocaba, yo le escribía, y en una manifestación intrépida de los sentidos, cantaba sin cantar, al momento de …