Ceibo de Palermo

Me han robado la energía

O no sé dónde la metí

pero este cuerpo está pálido,

cansado y sin fuerzas.

Decaen con él la inspiración

y los pensamientos más fuertes

que algún día construí.

Mis ganas se desvanecen

como dos lánguidas gotas de lluvia,

como el viento frío que se disipa

en aquél viejo y frondoso

ceibo de Palermo.

No sé dónde buscar

el encanto de mi sonrisa

es posible que

la haya perdido entre tanta prisa…

Y aunque quisiera encontrar

las respuestas que me devuelvan la energía,

estoy cansada ya

de escribirle a la deriva.

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