Mostrando prematuramente mi sentir, lograste percibirme, de otra manera seguirÃas ardiendo en el incógnito rincón de la nada, en la mente; donde inicia todo pero también donde acaba lo que no se externa.
Fuiste una idea convertida en personaje que con prontitud se volvió una casualidad. Tras percatarnos de que existÃamos detrás de la imagen abstracta del silencio, obligamos a la realidad a coincidir en un momento de arrebato.
Nos procuramos todo siendo nada y fuimos nada evitando ser algo más, asà en un primer encuentro asimilaste que vivir en letras es mucho más apasionante que vivir de ellas.
Entre el silencio, la noche y mi insegura compañÃa, te mencioné que no necesitaba razones para continuar con esta redacción, ya habÃa acumulado las suficientes, y las señales abundaban diariamente en un obstinado curso por dictar la rebelde prosa de tu nombre.
En el trayecto me reiteraste la apertura en tu vida, por lo que tampoco pedà sitio en tu tiempo, lo que sà te supliqué entre murmullos, fue una misma idea que nos permitiera estar juntos.
Sentimiento intangible, arrinconado en el habla pasiva de mis intenciones, alimento de mi introspectiva, te materialice en la más ridÃcula e irrealizable idea. Dejaste de ser un personaje anónimo para ser el homónimo de mi inspiración.
Encontraré todos los rincones para repetir una y otra vez tu nombre, que es nada, solo deseos y palabras, nada si no estás aquà para vivirlo conmigo, nada si consensualmente dura una noche. Sólo un bonito recuerdo, que sigue siendo nada.
