Enigmas, señales y momentos. La vida transcurre fugitiva y con ella, el alegórico oficio de vivir. RÃos que hablan y veredas que callan, palabras que hieren, pensamientos que encausan y entre deseos y deber ser, aparece la blancura que promete no escaparse más.
DesearÃa retroceder a los ensordecedores gritos de la nada y sumergirme en las apacibles aguas de la mocedad, pero el retorno volverÃa inexorable los frutos más hermosos de mis más acertados atropellos.
Sentir nuevamente el viento raudo en la mirada, el sonido estridente de la velocidad de quien solÃa llevar consigo únicamente despreocupación. Correr y escalar los ojos vacilantes de muchos, de todos, de un pasado irrenunciable y solemne. Soy un crÃtico severo, lo soy aún más cuando de mis sueños se trata.
En el momento que la existencia cobró tranquilidad, las emociones retomaron el cause que el tiempo no pudo detener, volverÃa, sÃ, volverÃa a internarme en las banalidades del vacÃo, simplemente para besarle el alma al torbellino de su voz callada.
RepetirÃa, sÃ, una y otra vez, las veladas de trova, las melodÃas de adolescente, las gotas de rocÃo y las necedades de quien me ha devuelto los sentidos. Una y mil veces buscarÃa las palabras que le den alivio a los latidos que no pueden clamar. Escritura que revivimos, compartimos y diferimos también en existencia, en clamores y llanto.
Ya solo queda calor, lluvia y soledad. Recuerdos, una guitarra, la luna y suspiros en precariedad cuando más cercanos estamos. En un momento, resumen de una vida, y toda la vida para resumirse en este lamento.
¿A dónde va, Maestro? ¿A dónde vamos cuando nada se detiene?
Feliz cumpleaños.

La Yoyis
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