Dentro de esta intensidad habitas tú.
Y dentro de ella, todo lo que aspiramos ser.
Nos hemos perdido en nuestras certezas,
encontrándonos en la verdad de nuestros temores.
Cobijamos un encuentro inesperado,
y ahora tu música reposa en mÃ,
expectante de todas las letras
que puedan brotar de la inspiración.
Pobres espÃritus ilusionados,
que conocen el riesgo que toca la distancia,
que conscientes están, al filo del amor.
Que libres navegan por las lÃneas de lo conocido,
porque no hay nada más enigmático que el riesgo y el dolor.
Nada más perturbador que sus ojos claros,
que resonan y le hablan
a este espÃritu explorador.
Que navegan y se aventuran,
en aguas muy profundas;
en estos labios pardos,
en todo este furor.
Señor,
si tú existes,
dame una señal.
No para pronunciar su nombre
sino para ignorar esta condena,
que me mece y que me atrapa,
y de la cual soy tan consciente.
Porque lo que necesito es fuerza
para aceptar lo que me espera,
para cantar junto con ella…
si decido quedarme.
