En el parvulario del aprendizaje y del amor
caà rendida en los dominios de no sé qué minucia paradoja
y comencé a vivir en el desprecio de no sé qué sujeto que construà desde la carencia
y en la perniciosa idea de la añoranza y de la espera.
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En las curas inverosÃmiles del tiempo y la calma,
confié en que recibirÃa mis letras en júbilo y sorpresa
que recordar su existencia le harÃa feliz
que el saberse eterno le impregnarÃa regocijo y un tanto de seguridad
pero me equivoqué
como suelo equivocarme cuando camino con inquietud y descontento,
y llovió y temblé y nuevamente caÃ
¿en dónde? no lo sé, en esta ocasión no supe dónde
pero estoy segura que esta vez no fue en la fe, ni en la desgracia
ni en todos los caminos que me llevaron hacia él
ni en el capricho, ni en el consuelo, ni en la esperanza, ni en el deseo
sólo caÃ
y mientras caÃa me vi, pero esta vez me miré con indiferencia,
con un poco de serenidad
con tranquilidad y un poco de nada
Pero ya no lloré, esta vez no lloré
pero pensé, pensé mucho en el tiempo que duró la caÃda
en las horas que destiné en observar el golpe y lo que quedó de él
y reÃ
reà mucho, reà conmigo y me reà de mÃ
de la forma tan absurda de abrazar el encuentro y no poderlo soltar
de la manera en la que mis ganas se fueron en las ideas del por siempre
de las novelas que construà en las cenizas de un fuego que vivió solo en una mente creativa
cretina y un poco obstinada
y volvà a llorar
pero esta vez caminé, caminé mucho
caminé hasta que me cansé,
hasta que me sumergà en la calle Madrid
y ahÃ
inmersa en el cansancio
desaparecÃ…

