Después de la reveladora charla que tuve con Estaban, surgió en mí la desiderata idea de la que tanto he hablado.
Ahora entiendo lo que significa conectar, o mejor dicho, ahora comprendo que las conexiones no son románticamente inmediatas. He llegado a pensar que una se enamora de ideas que siempre serán eso, solamente pensamientos profundos o viajeros que nunca conocerán el mundo material.
Lo único que tengo claro, por ahora, es que esta desiderata situación me ha generado una innecesaria ansiedad por saber, saber quién es, qué hace… ¿acaso será cierto todo lo que Esteban me platicó sobre Desiderato? considero que no habría razón para disfrazar los logros y virtudes de una persona que admiras, porque si de algo estoy segura es que Esteban admira a Adrián León. Lo hace con la lealtad que todos profesamos y muy pocos alcanzamos. Me gusta que lo haga con la calma del silencio, con el estruendo de la alegría, de esa forma tan única con la que Esteban encara la vida.
Por ahora, un profundo remordimiento me invade el cuerpo. ¿has deseado regresar en el tiempo? ¿a un abrazo? ¿a un encuentro? yo sí, muchas veces. Ahora que no dejo de pensar en Desiderato, me pregunto si realmente quisiera volver a nuestro primer y único momento. Una respuesta anticipada borra ese deseo de mi mente, supongo que ninguna de estas líneas serían posibles si el encuentro con el caballero de las gafas oscuras se hubiese generado en otras circunstancias.
Muchas formas de coincidir y de ser conllevan caos, y eso está bien, o por lo menos eso he pensado en los últimos días.
Adrián León y yo nos conocimos mal, tan mal que ahora lo único que me queda para no forzar el encuentro, el destino o el capricho, es escribir estas misivas. No sé si es el deseo por la reivindicación o la obstinada vacilación por el control. Lo único real es que, después de saber del supuesto arañazo a la mirada de Adrián León, he tocado la enfermedad de la curiosidad. Lo sé, mucho he referido que la curiosidad es una virtud, lo que no había mencionado es que también es condena.
Me he leído siete crónicas y un par de noticias. Acudí a una clase de comunicación política, he barajado unas cuantas veces la lotería intentado descubrir lo que ocultan sus personajes. Todo lo anterior, en el nombre de la poética idea de Desiderato.
Los últimos días he pensado en las posibilidades, las cuales son remotas, inciertas. He pensado en la obstinada idea del reencuentro, de la búsqueda, pero también en las vacilantes olas de la resignación.
En el platónico mundo de las ideas Adrián León y yo nos conocimos bien, nos conocimos de más. Nos conocimos tan bien que ya pecamos en el ardor de una plática profunda, en la penetrante mirada que comparten dos enamorados, en el juego de palabras y gestos. En la esperada cita; incluso, en el ardiente beso de dos mentes que se hablan sin palabras.
Las ideas mal gestionadas se convierten en peligro, pero las ideas que nacen desde la genuidad se transforman en obsesión. No sé en qué clase de problema me metí…
«Busque sus ojos
encontré su mirada,
en una imagen en donde su rostro palpita
logre imaginar cómo me vería si fuéramos reales…
creo que me enamoré de la desiderata idea de nosotros»
Hay cierta resignación en el caos.
